El pasado viernes 10 de enero de 2020, volvimos a poner en escena, nuestro acontecimiento flamenco Rincón del Cante Manolo Vílchez.

Empezamos el año con dos cantaores en lugar de un solo actuante, como viene siendo habitual. El primero de ellos Luis Moreno Pérez, nacido en Osuna (Sevilla) el 12 de Abril de 1952. Su ilusión desde bien jovencito ha sido, ser cantaor profesional, pero su profesión de hostelero, tan solo se lo permitió a ratos. Ha actuado en la televisión andaluza en múltiples ocasiones, tiene en su haber un disco grabado con una Misa flamenca como cantaor principal en el año 92. Fue miembro del consejo de redacción de la revista de contenido flamenco “Cabal“ junto con Alfredo Grimaldos (Flamencólogo de prestigio). En el año 75 deja su pueblo natal para ubicarse en Madrid y crecer en su actividad hostelera. Al mismo tiempo, conecta con varias Peñas flamencas, donde actúa en múltiples ocasiones y de paso  hace una gran amistad con los cantaores del momento afincados en la Capital.  El segundo cantaor según el orden de actuación, fue Antonio Soto Montes. Natural de Osuna (Sevilla), nacido el 1 de Abril de 1952. Desde su infancia se sentía interesado por el flamenco. Los inicios de Fosforito fueron los que marcaron un hito en su trayectoria flamenca. Sin tener una dedicación totalmente profesional, ha cantado en certámenes y festivales casi por toda la geografía española, Barcelona, Málaga, Madrid..etc. El tiempo libre que le dejaba el negocio familiar de la mercadería del plátano, lo dedicaba a cantar en los diferentes sitios que podía conseguir. No se dedicó profesionalmente al flamenco porque su padre así se lo pidió. Al fallecimiento de su padre, cumplió la promesa hecha y dejo el oficio de cantaor semiprofesional, dedicándose solo y exclusivamente a cantar como aficionado. En el año 74 aterriza en Madrid y se dedica a calmar su añoranza cantaora por todas las peñas de Madrid y alrededores.

Sin más preámbulos, que no son pocos los realizados, pasamos a comentar la actuación de estos dos cantaores. Luis Moreno salió al escenario y comenzó a cantar por tientos que realizó con el gusto y poder que le caracteriza, terminando con un estribillo rápido sin llegar a ser tangos. Su estilo de voz, gustó mucho al público que lo premió con sus aplausos. En segundo lugar, decidió hacer La Caña con la letra típica de “A mí me pueden mandar.” Cerró este cante con una solea de Triana sin olvidarse de las famosas estrofas “arza y viva Ronda…..”  Fue aplaudido de forma muy merecida. Sin dejar el compás de amalgama propio de la Caña y de la solea, continuó cantando por Solea Apolá. La letra de estas estrofas, las había compuesto el propio Luis y estaban dedicadas a D. Antonio Mairena. El público supo valorar la forma de hacer con un compás impecable y la propia composición, que fueron premiados con grandes aplausos. En cuarto lugar saco del baúl de los recuerdos los antiguos romances. En la actualidad es bastante difícil escuchar  este palo que ha debido caer en desuso. Cantó el famoso romance del Conde Niño. Lo realizó con un compás fabuloso, que contagió al público de la sobriedad que este cante representa. Fue premiado en forma de aplauso por el respetable. Para terminar el recital, cerró con un cante por Seguiriyas, donde se apreciaron temas de Manuel Torre y Antonio Mairena. El torrente de voz que caracteriza el cante de Luis, le dio grandeza y solemnidad a la actuación. Se entregó tanto en sacar adelante el noble palo, que al hacer el cierre y de una forma casi inapreciable, le faltó un poco de aire que no afeó para nada la finalización del concierto.

Pasamos a comentar la actuación de Antonio Soto. Comenzó cantando por Malagueñas. En primer lugar hizo la de La Peñaranda continuando con la del Mellizo. Dio fin a la tanda, con unos abandolaos, donde estuvieron presentes el Zángano de Puente Genil y Los verdiales. La forma de pellizcar el cante de Antonio hizo sublime el cante por Malagueñas en sus dos versiones. Gustó mucho a los asistentes que respondieron con grandes aplausos. En segundo lugar decidió cantar por solea. Prácticamente hizo un gran surtido de todas las zonas soleareras. Se acordó de Alcalá, Utrera, Cádiz y Triana. El compás que le imprimió a los cantes fue maravilloso, los saco adelante con una gran dignidad y una profesionalidad espantosa. Gustó mucho a la concurrencia que no dudaron en premiarle con fuertes aplausos. Para cambiar la seriedad del cante por solea en esta tercera parte de la actuación, empezó a cantar por Huelva, palo que domina a la perfección, donde se lució de forma manifiesta. Primero realizo una tanda de fandangos “ por arriba “ , después y sin romper la continuidad, el guitarrista comenzó a tocar “ por medio “ para que Antonio hiciera los famosos fandangos de Alosno. Fue un regalo fabuloso que el público agradeció con sus palmas.

Me sorprendió bastante que al finalizar el grupo de fandangos, decidiera bajarse del escenario. Yo lo invite a seguir cantando hasta completar los cuatro cantes reglamentarios, a lo que contestó que cedía el turno a otros cantores que había en la sala. Posiblemente hubo un pequeño malentendido en lo que al formato del concierto se refiere. Antonio fue despedido con grandes aplausos por los ocupantes de la sala y así dio por finalizado su recital.

En realidad la actuación de los dos cantaores que se presentaron el día 10, fue majestuosa. Disfrutamos del poderío y solemnidad de los cantes de Luis Moreno y de los pellizcos enormemente flamencos del buen hacer de Antonio Soto. Le transmitimos nuestro agradecimiento y enhorabuena para los dos.

Una noche más nuestro guitarrista oficial Juan Antonio Muñoz, nos hizo disfrutar con su toque rancio donde los haya y su forma de acompañar a los cantaores. Yo destacaría el toque por solea que esa noche realizó, consiguió que las musas y los duendes de nuestro salón Mezquita revolotearan por la estancia fundiéndose con los aficionados. Así se toca maestro. 

 Bueno amigos, hasta aquí hemos llegado. La próxima cita flamenca será el 7 de Febrero. A ver si llegarnos recuperados de las fiestas  Navideñas.