Eran las 7:30 horas de la mañana del 2 de abril de 2011, cuando partíamos en autocar camino del Valle del Jerte en una  excursión que resultó ser de las inolvidables. Organizado por nuestro querido socio y amigo, Francisco Andujar, el viaje, como siempre, fue de lo más divertido. Charlábamos, reíamos y otros cantaban alegremente. Paramos en Barco de Ávila donde compramos un jamón ibérico, buenísimo, por 70 € y, también hicimos otras cosas más escatológicas. La siguiente parada fue en el valle para hacer las fotos de rigor y, finalmente llegamos al hotel, tal como  estaba previsto, a la hora de comer. Ya por la tarde, algunos se quedaron en el hotel para ver el partido de fútbol y, otros, nos fuimos de paseo cultural por la ciudad de Plasencia. Vimos la Catedral vieja y la nueva -muy cerca la una de la otra, prácticamente juntas-. 
El 
ayuntamiento, cuyo edificio tiene una  curiosa torre con campana de tamaño más bien grande, con una figura articulada con martillo en la mano para tañerla y de esta manera marcar sonoramente los horarios -. La Muralla y el Acueducto romano. (continúa, pinchando en... "Leer más...")

 

           Hasta que llego la hora de regresar al hotel para cenar y dormir, como los niños buenos.  Pues bien, no nos cortamos un pelo y pedimos autorización para cenarnos en el restaurante del establecimiento, nuestro       estupendo jamón ibérico y dos quesos de oveja que compramos en   mercadona. ¡Rico... rico... de verdad!. Lo podemos ver en el siguiente video.
   Al día siguiente, ya de regreso, lo hicimos por la Comarca de la Vera y el Valle del Tietar, hablábamos menos e incluso no cantábamos porque no nos daba tiempo a salir de nuestro asombro; maravillados por las vistas, la grandeza de la sierra de Gredos, por  todas partes  abundante vegetación; agua y pueblos con encanto. 
Paramos en Jarandilla de la Vera y, después de haber visitado una tienda de productos naturales llamada, "A LA VERA DEL VÍNCULO", donde compramos entre otras cosas el típico pimentón de la Vera, nos dirigimos a comer al restaurante "PUTA PARIÓ".
Según los lugareños, este curioso nombre, al parecer, se debía a que uno de los antiguos propietarios, de pequeño cometía muchas travesuras y quienes le reprendían exclamaban, "la puta que lo parió" que con el paso del tiempo quedo abreviado en "puta parió". Bueno, el caso es que comimos muy bien y además conocimos al novillero, Manuel Fernández "MAZZANTINI", con un claro futuro como torero y que puntualmente trabajaba en este  restaurante. 
              Resumen de la historia: ¡esto no es nada comparado con las propias vivencias!. Así que, la próxima vez, te apuntas.                                                                                              (Crónica: Manuel Moreno) 
 

 

 

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